Encontronazos en la naturaleza

Buenos días, y bienvenidos a una nueva publicación de Hórreo Jurásico. Hoy es viernes de reptiles, y venimos con una entrada un tanto especial.

Como recordaréis, estos días estuve haciendo salidas al campo, y resulta que no importaba el día que fuese, siempre encontraba alguna que otra joyita en el monte.

Ya hemos hablado de serpientes autóctonas y de lagartos autóctonos, e incluso de algunas especies que parecían estar en medio de las dos. Pues bien, creo que los amantes de la herpetofauna saben más o menos de qué animal estoy hablando.

El animal que estáis viendo en la foto es nada menos que un eslizón tridáctilo ibérico (Chalcides striatus), una pequeña lagartija con características bastante peculiares.

Algunas de ellas se pueden ver con claridad, ya que tiene un cuerpo alargado y unas patas diminutas, pero hay otros aspectos más que marcan la diferencia con el resto de lagartos.

El primer detalle es que tienen un cuello ancho, a diferencia de las serpientes, que tienen unos flancos muy marcados. Por otro lado, tiene unos ojos ovalados en vez de redondos, lo que significa que pueden parpadear y cerrar sus ojos.

En esta foto tenemos una vista detallada de sus ojos, además del orificio del tímpano, rasgo que las serpientes no tienen

Pero además hay otros detalles que suelen escaparse, y puede que si tienes un escinco en casa (género Tiliqua, de los que además, ya he hablado antes) o algún otro lagarto, sepas de lo que hablo.

Resulta que la mayoría de los lagartos (camaleones, varanos e iguanas) tienen sus escamas unas al lado de otras (escamas yuxtapuestas), lo que les da un tacto más aspero; sin embargo, las escamas de estos lagartos son más parecidas a las de las serpientes o los peces (escamas imbricadas), lo que les da un tacto más suave y les permite deslizarse con soltura bajo el follaje del suelo, que es donde viven.

Además de eso, comparten un rasgo a mayores con otros lagartos, el cual es el siguiente

Pequeños accidentes que a veces ocurren

Seguro que a muchos amantes de la naturaleza nos ha pasado esto; vemos una lagartija, queremos capturarlo, y sin quererlo, hacemos que el animal corte su cola. Son muchos, aunque no todos, los lagartos que tienen esta habilidad (de hecho, en mi entrada Encontronazos fuera de lo habitual os mostré un hallazgo bastante extraño que me permitió explicar como funciona este proceso de autotomía caudal), por lo que este lagarto regenerará su cola en las siguientes semanas. Con esto, vuelvo a pedir que dejemos a la fauna local tranquila hacer su vida. Son accidentes que suelen ocurrir, pero en nuestras manos está el evitarlos todo lo posible.

Un animal verdaderamente sorprendente que, de hecho, hacía bastantes años que no veía y que, pese al accidente que tuve con él, agradezco el poder haberlo compartido con vosotros. Nos vemos en la próxima, y recordad, la naturaleza esconde maravillas más allá de donde alcanza la vista.


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