Encontronazos en la naturaleza

Buenos días. Hoy Horreo Jurásico vuelve a la carga con una nueva publicación después de un pequeño parón. Y es que resulta que esta vez voy a ponerme un poco nostálgico, ya que digamos que he tenido un pequeño flash back de mi experiencia en el Zoo de Santillana.

Esta vez está relacionada con el alimento vivo, y resulta que hace unos días, encontré un curioso amigo paseando por el campo.

Un simple saltamontes, pensaréis muchos, pero la realidad es que no es así. Este curioso insecto es una langosta migratoria, y tiene más que ver con el zoo de lo que creemos.

Resulta que el zoo de Santillana tiene un criadero de langostas, donde estos insectos son criados y cebados para alimentar a animales como a monos, arácnidos y reptiles (ni siquiera las ratas dicen que no a estos deliciosos insectos).

Por lo que vi, ofrecían bastantes ventajas con respecto a los grillos; entre ellas, está el tema del olor (no huelen tan fuerte o a mi, por lo menos, se me hacía más soportable), no meten tanto ruido, vienen en tamaños muy variados (ergo, más especies que poder alimentar y no suelen cometer canibalismo (aunque, con estos insectos, todo es posible). Sin embrago, todo este tema del canibalismo, me hizo darme cuenta de por qué no se cría el siguiente animal

Lo que veis en la foto es un saltamontes longicornio (género Tettigonia), aunque a mí me gusta llamarlos langostas carnívoras. En realidad esto tiene su explicación; resulta que, cuando era crío, solía coger bichos y meterlos en botes con agujeros, y un día atrapé una langosta verde (Tettigonia viridissima).

La metí con unos escarabajos rinoceronte (Oryctes nasicornis), y a la mañana siguiente me llevé una sorpresa; resulta que aquella langosta se había comido a los escarabajos por la noche. Me quedé alucinado cuando lo vi.

Seguramente, a estas alturas os estaréis preguntando si son venenosos debido al gran «aguijón» que tienen en su cola. Sin embargo, he de deciros que no es un aguijón, y para aquellos que estén o hayan criado grillos, esto se les debe hacer familiar. Resulta que ese apéndice no sirve para inyectar veneno, si no para poner huevos. Es, por tanto, la forma de distinguir a los machos de las hembras, que son las que sí lo tienen.

Esta tendencia a comerse a otros insectos hace que sean unos eficientes controladores de plagas, como las mantis o algunas avispas,aunque también hace que, en comparación con los grillos, la tendencia al canibalismo sea mucho mayor.

Esto hace que su crianza en cautividad como alimento vivo no parezca demasiado viable. Si la gente aún nos dice que tengamos cuidado con los mordiscos de los grillos y las zophobas cuando alimentamos a nuestros animales, imaginaos lo que puede hacer este bicho. Nos vemos en la próxima, y recordad, la naturaleza esconde maravillas más allá de donde alcanza la vista.


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